El caso del heroico estudiante

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EL PAIS  en 1995 titulaba:

EL CASO DEL HEROICO ESTUDIANTE OCURRIO HACE  59 años
PUNGUISTA ASESINO AL  JOVEN GUSTAVO VOLPE

Hace 59 años, un brillante estudiante de medicina pasó a integrar la apretada lista de héroes/mártires de nuestro país. Lo que quiso ser un desprendido gesto de ayuda a la sociedad terminó siendo el fin de una joven y prometedora vida. Un caso de características que tienen cierto paralelismo con el de Gustavo A. Volpe, hace que hoy recordemos su martirologio.
Gustavo Adolfo Volpe era un joven de 21 años, brillante estudiante de sexto año de medicina y reconocido atleta del Club Stockolmo. Su padre era el conocido deportista y profesor Orestes Volpe que, junto a su esposa trabajaba para la Asociación Cristiana de Jóvenes (ACJ).
El 21 de diciembre de 1954 la pareja Volpe se encontraba dirigiendo el campamento de Piriápolis de la ACJ y esperando a su hijo que se encontraría con ellos luego de rendir un examen en Montevideo. Como era de esperar, Gustavo aprobó el examen con una nota excepcional, demostrando que no en vano había sido distinguido en dos oportunidades con el premio Ariel por su calidad de estudiante.

La tarde del 21 de diciembre el joven atleta concurrió a la Pista de Atletismo para realizar ejercicios y despedirse de sus compañeros. El deporte era su única distracción,  desde niño compitió por el Club Stockolmo y se clasificó campeón universitario de lanzamiento de bala.
Cerca de las 20 horas abandonó la Pista de Atletismo y se dirigió a lo de un tío, donde había dejado su equipaje para partir rumbo a Piriápolis.
Más o menos a la misma hora, Juan Sabiela Socalki, subía al ómnibus 162 de regreso a su casa. El trabajador, un artesano polaco de 44 años, casado y residente en Villa Muñoz, venia de cobrar un dinero el cual guardó en su billetera y colocó en un bolsillo del pantalón.


UNA MANO EN SU BOLSILLO
El ómnibus iba lleno, por lo que Socalki decidió permanecer en la plataforma con varias personas más.  Al llegar a la esquina de Sierra (hoy Fernández Crespo) y 9 de Abril, el pasajero sintió que una mano se introducía en su bolsillo. Al palparse el pantalón  percibió que ya no tenía la billetera e inmediatamente comenzó a gritar. En el mismo momento vio como un hombre, empujando a los pasajeros, se lanzaba del coche. Socalki se lanzó tras él.
La persecución se desarrolló por la calle 9 de Abril pero con la intervención de un tercer protagonista: detrás de Socalki corría el cómplice del ladrón, un hombre de color, armado de un puñal.

Gustavo se dirigía a la calle Gaboto donde estaba la casa de su tío, cuando de repente se tropezó con el autor del  robo.
Enseguida captó la situación y apresó al hombre por la cintura. Ambos forcejearon hasta que llegó Socalki para ayudar al joven.
Pero ni Gustavo ni Socalki advirtieron la presencia fatal del cómplice. El delincuente lanzó varios ataques con su arma y su acierto fue determinante: el puñal se introdujo en el pecho de Gustavo y lo hirió en el corazón. El joven tuvo que soltar al ladrón que huyó por la calle La Paz y el asesino corrió perseguido por Socalki.
Gustavo se reincorpora, pero volvió a caer, tras lo cual fue socorrido por un mecánico que se encontraba en su taller. A pesar de que fue trasladado rápidamente al centro de Asistencia Pública, nada pudieron hacer por él, el joven murió.


UN SEPELIO MULTITUDINARIO
Mientras tanto el ladrón Ruben López de 21 años fue apresado por dos  personas que lo persiguieron en un auto. El asesino Ricardo Leiva, logró escapar de Socalki pero fue capturado por la policía en la madrugada.
El 21 de diciembre de 1954, sería el último día de vida de Gustavo Volpe,  cuyos restos fueron inhumados dos días después en el Cementerio Británico.  Numeroso público integró el cortejo, entre ellos las autoridades de la Comisión Nacional de Educación Física de la ACJ, de la Facultad de Medicina, estudiantes,  atletas de varias instituciones, altos funcionarios de la Jefatura de Policía.
Pero lo que evidenció que todo el pueblo uruguayo fue conmovido por el suceso fue que centenares de personas acompañaron a Gustavo a su descanso definitivo.