Accion Social: artículo de Olga Lanari

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ACCION SOCIAL

El PAIS 14 de junio 1986

 

Por Olga Lanari de Volpe

Todos los que me lean, estoy segura han pensado muchas o alguna vez, sobre lo que cada uno debe a la sociedad con quien comparte alegrías y dificultades. Quizás algunos han considerado también, lo que deben a las generaciones pasadas y probablemente también se habrán adelantado, en su deber social a pensar el porvenir, que será presente de los que nos siguen.

Tenemos un deber: es mucho lo que recibimos, del valor que debemos a esta incontable riqueza, (resultado de la naturaleza y de innumerables esfuerzos del hombre), dependerá el afán y la calidad de nuestro cumplimiento frente al deber social.

Toda idea de servicio social, por buena que ella sea, solamente servirá a nuestra sociedad, en la medida que seamos capaces de materializarla. Con corazón sensible y mente iluminada entramos a la acción, si todo no lo sabemos, ni todo lo podemos hacer, hagamos nuestra parte, de la calidad y eficacia de ésta UNICAMENTE NOSOTROS somos responsables.

Si hay dolores, si hay fracasos, si hay rozamientos entre los seres humanos, si cada uno no tiene su parte, en este inmenso mundo, donde está la parte de cada uno, quiere decir que alguien ha dejado de cumplir su deber social, lo importante es que no seamos nosotros.

No seamos nosotros, los que con nuestra indiferencia matemos el entusiasmo realizador de los más jóvenes, ellos no precisan tanto de nuestra palabra, sino de sentirnos a su lado, de que nosotros mostremos con nuestros hechos, confianza, en la capacidad creadora del hombre.

No seamos nosotros, lo que no veamos que una sonrisa, un niño, una flor, la obra de arte, un mano extendida, una obra amorosamente terminada, deban ser correspondidos con la misma moneda, en cada oportunidad que la vida nos dé a nosotros.

No debemos pagar porque se nos dio, demos porque hemos aprendido la lección, porque hemos gozado del amor, demos con amor.

No seamos nosotros los tristes y los avaros: que cada uno de los muchos seres que nos rodean puedan ver que hay alegría en nuestro estudiar, en nuestro trabajar, en nuestro dar.

No seamos nosotros los derrotados, los que no veamos la lucha y el desafío de cada día y de cada hora. Los que veamos a niños abandonados y pensemos, siempre hubo niños abandonados; los que veamos a jóvenes luchar denodadamente y ser vencidos por pruebas más allá de sus fuerzas y permanezcamos indiferentes porque siempre hubo jóvenes en la miseria y en la cárcel y frente a todos estos hechos ( y muchos más que podríamos mencionar) nuestro deber, que si alguna vez quiso ser parte de nuestro vivir, muere por falta de alimento, al mismo tiempo que empobrece y mata nuestra alma.

No seamos nosotros los que contemplemos y a fuerza de solamente mirar nos moleste el bien que otros hacen.

Seamos como individuos y como parte de instituciones de bien social, elementos positivos.

Vivamos en relación de hermanos con todos los elementos de nuestra sociedad.

Estudiemos las dificultades para resolverlas no para verlas solamente. Trabajemos con lo mejor de nosotros: corazón valiente, mente abierta al conocimiento, si no somos los más inteligentes, ya otra inteligencia generosa nos mostrara el camino.

La consecuencia natural de estos elementos puestos en el diario vivir será: el ánimo sereno y el entusiasmo renovado.

Entremos en la lucha de los males sociales, en la tarea de evitar las consecuencias terribles de los mismos con la conciencia tranquila que hemos hecho nuestra parte.

Entremos con una decidida voluntad, de hacer lo que nos corresponda al máximo de todas nuestras posibilidades..

Solos no podemos hacer mucho: este es un punto difícil para nosotros nos cuesta entrar en un equipo y hacer la parte nuestra para obtener la victoria del equipo. Qué claro y precioso sentido del deber social tiene aquel miembro del Cuerpo Social que se siente en su cometido siendo brazo, pierna o cerebro del mismo. J

Si bien estamos pasando una época difícil del mundo, es cierto también que nunca como ahora se oye más, de instituciones que agrupando al saber y la voluntad están a nuestro servicio para capacitarnos, para llevarnos a sus filas y trabajar con un cumplimiento amplio y adecuado del deber social.

Lo importante es que individualmente alcancemos la conciencia del deber social y que cumplamos nuestra parte.

Estoy convencida que por más que otra persona trabaje, se esfuerce, nuestra parte quedará sin hacer irremediablemente perdida, nuestro aporte será doblemente negativo, por lo que nos negamos como personas y lo que negamos al porvenir.

Esta es la época del hacer, ninguna otra cosa tendrá la importancia y la urgencia que este hecho tiene. Nadie está libre de demanda de la hora: el niño, el joven, el adulto; padre, madre profesor, obrero. Los resultados del cumplimiento alegre y estricto del deber social los veremos como frutos lozanos en un presente inmediato y como semilla sana para el porvenir.